Animación japonesa: niños, televisión y videos
Reportaje hecho por:
Neko-Night
En el animé, las horas
son largas y los sueldos, cortos. Pero, para muchos japoneses, sigue siendo el
empleo soñado.
El sueldo inicial puede ser de menos de 500 dólares en
ésta, la ciudad más cara del mundo, pero convertirse en ilustrador en la afamada
industria del animé sigue siendo la fantasía de miles de jóvenes japoneses.
En docenas de estudios repletos de empleados, en
general situados en dos pequeños barrios del oeste de Tokio, jóvenes
ilustradores producen página tras página de ilustraciones que luego se
convertirán en dibujos animados que salen al aire en Japón y, cada vez más, en
otros países alrededor del mundo.
Pese a la gran popularidad del sector, hasta los
grandes estudios pagan sólo entre 1.200 y 1.800 dólares mensuales. Un oficinista
de Tokio gana el doble, más beneficios como alojamiento subsidiado y pases de
tren. Hasta los quioscos 24 horas pagan 8 dólares la hora.
Aunque animé quiere decir simplemente animación, este
producto difiere de los dibujos animados y las películas de animación
estadounidenses en que no está dirigido solamente a los niños. Como su correlato
impreso, las famosísimas historietas manga, el animé es un campo muy variado. La
imaginación y las inteligentes historias de las obras más renombradas del género
han conquistado muchos fanáticos en el extranjero. A otros los atraen los
brillantes colores, los personajes fantásticos y los paisajes surrealistas, que
son muy comunes en el animé.
Masaru Muto, un joven estudiante de 20 años, es uno de
los que están dispuestos a aceptar un sueldo bajo para ser parte del fenómeno.
Empezará este mes como pasante en una empresa de animación para televisión de
Tokio.
"Naturalmente, mis padres preferirían que tuviera un
trabajo corriente, pero desde chico sueño con dibujar, y mi fascinación por las
películas animadas fue creciendo a mi paso por la escuela", dijo. "Decidí que
quería intentarlo."
Como muchos devotos del animé, Muto es admirador del
director Hayao Miyazaki, creador de las aclamadas películas Spirited Away y
Princess Mononoke.
"Para llegar a ser tan grande, Miyazaki tuvo que
trabajar duro —dijo Muto—, de modo que tendré que esforzarme mucho más que él
para ser famoso."
Pero muchos de los jóvenes entusiastas pronto se
desilusionan con las largas horas de trabajo y los magros salarios. Yoshitake
Ogata del Sindicato del Animé, que agrupa a los ilustradores freelance, señaló:
"Por animosos que sean al ingresar, la realidad es que no se puede vivir con
este sueldo."
Una investigación informal del sindicato indica que el
diez por ciento de los animadores no tiene seguro de salud y que un cuarto de
ellos no se ha incorporado al programa de jubilaciones del estado, aunque es
obligatorio. A veces, unos padres preocupados son los encargados de pagar el
seguro de salud de sus hijos o incluso la vivienda.
El principal factor que determina los bajos sueldos es
la disponibilidad de mano de obra barata de Asia oriental. Las productoras
japonesas ahora toman ilustradores de Corea del Sur, las Filipinas y China para
hacer el trabajo de rutina. Irónicamente, conforme el animé japonés se vuelve
más famoso en otros países, es cada vez menos japonés.
Nippon Engineering College de Tokio es una de las
instituciones técnicas que forman a los aspirantes a animadores como Muto. La
escuela atrae a alumnos con talento técnico que pasan dos años aprendiendo el
arte de crear animé y juegos de computación basados en los personajes.
Pero los profesores insisten en que el talento solo no
es suficiente.
"Para dedicarse al animé, no alcanza con que a uno le
guste dibujar, le tiene que fascinar", dijo el profesor Masataka Kawai, que
trabajó ocho años para un famoso estudio. En las épocas de entrega, solía
trabajar tres semanas ininterrumpidas y dormir bajo el escritorio. Se cree que
la mayoría de los animadores trabaja doce horas diarias o más, e incluso los
fines de semana.
Un dibujo animado requiere de 3.500 páginas de dibujos.
Los ilustradores nuevos, en general, dibujan los movimientos intermedios entre
los "cuadros claves" que realizan los más antiguos. Un equipo de ilustradores
normalmente tarda tres meses en producir un dibujo animado. El aporte de cada
ilustrador puede durar tan sólo 10 segundos en una escena de acción o hasta 10
minutos en una escena de conversación con movimiento más limitado.
Muchos ilustradores dicen que quieren darles a los
niños la misma alegría que sintieron ellos al mirar dibujos animados como
Doraemon, sobre un gato que habla y cuida a su pequeño y desafortunado dueño, o
Gatchaman, uno de héroes del espacio. Pero muchos sostienen que la crisis del
animé podría provenir, no del hecho de contratar gente talentosa, sino de
retenerla.
"Todos los directores famosos, incluido Miyazaki,
desarrollaron sus dotes trabajando en el animé para televisión. Pero ahora la
industria no produce animadores con el talento necesario para crear personajes
nuevos ni las manos experimentadas para dibujar los cruciales cuadros claves",
dijo Ogata. "Las condiciones de trabajo son tan malas que la próxima generación
no va a salir bien." |